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viernes, 27 de enero de 2017

Las élites quieren un Podemos domesticable.

El final del 2016 encontró a PODEMOS enfrascado en una fuerte discusión interna que tuvo como referencias principales a sus dos máximos dirigentes políticos, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Si bien las discrepancias entre ambos no son recientes, la próxima realización de su máxima instancia de decisión colectiva, la Asamblea Ciudadana Estatal, conocida popularmente como Vistalegre II –debido a que se realizará en el Palacio de Vistalegre en Madrid-, ha cristalizado en bandos rivales las diferencias de opiniones y visiones sobre el futuro de la organización morada.

PODEMOS estuvo cerca pero no logró llegar a la presidencia. El PP, con el apoyo del PSOE y Ciudadanos, volvió a formar gobierno, pero el escenario político español quedó sustancialmente trastocado. El bipartidismo clásico y el turnismo parecen heridos de muerte. El conflicto social y de las diferentes “nacionalidades históricas” sigue sin encontrar un horizonte de resolución. PODEMOS ha llegado a las instituciones y ahora tiene que afrontar nuevos retos políticos al tiempo que tiene que definir su estructuración orgánica.

Las diferencias entre Iglesias y Errejón han terminado en la constitución de grupos que rivalizan por imponer sus criterios al interior de la fuerza. Las rispideces entre ambos llevan ya un tiempo, incluso ellos mismos argumentan que siempre han tenido diferencias, pero que ahora resuenan mucho más porque son personajes públicos. Lo cierto es que la tensión no solo se ha manifestado en forma discursiva o de debate de ideas, sino que también han habido varias operaciones internas cruzadas que aumentado el voltaje de la disputa.




“… a partir de ahora la disputa política se traslada en gran medida al terreno institucional y de creación cultural y social. Pero Podemos no es ni puede ser, como quieren nuestros adversarios, un resultado de la excepción que languidezca cuando pasen los tiempos agitados. (…) No hay hoy, por tanto, proyecto más radical y transformador que construir una mayoría nueva capaz no solo de denunciar el desorden que generan los de arriba sino, fundamentalmente, de encarnar un orden alternativo y de generar confianza”iii (cursivas mías).
A diferencia de Iglesias que apunta a la incorporación de nuevos sujetos, que simplificando podríamos mencionar que son aquellos que no se sienten interpelados a participar al momento de las elecciones, Errejón apunta a aquellos sectores populares que todavía siguen sosteniendo a los partidos tradicionales y ven con recelo y temor a PODEMOS y los planteos de cambio social que proponen.
Esta discordancia sobre donde tiene que estar la prioridad del trabajo político de la fuerza, tiene claras consecuencias políticas para el futuro, que, aunque a Iglesias no le guste que se “caricaturice el debate” entre los “radicales pablistas” y los “moderados errejonistas”, tenderán, según qué posición se imponga en Vistalegre II, a una construcción política y discursiva, o bien más radicalizada o bien más moderada. Claramente convocar a los excluidos exige una prédica más virulenta contra lo establecido, así como la apelación a los que todavía siguen manteniendo su apoyo a los partidos del régimen mediante el trabajo en las instituciones implica una acomodación a las dinámicas parlamentarias y sus lógicas de funcionamiento, que tienden a reproducir el orden dado.

Podemos ha sido puesto a prueba por los poderes prácticamente desde su nacimiento. El objetivo era, desde el principio, el mismo: “normalizarlo”, convertirlo en un Ciudadanos más centrado, más abierto a las capas medias, capaz de hablarle a las clases asalariadas. Normalización significa adecuación al sistema y el respeto a las reglas que marcan los grandes poderes en la Unión Europea y en España. En estos meses el establishment ha identificado con toda precisión que el enemigo a batir es Pablo Iglesias y a ello se han dedicado con una ferocidad inaudita. Romper, dividir y derrotar social y electoralmente a Podemos —y por lo tanto, a Unidos Podemos— ha sido una estrategia apenas disimulada. ¿Por qué esta obsesión contra Pablo Iglesias? La respuesta es simple, porque no se deja domesticar por las clases dirigentes y, sobre todo, porque no acepta ser masa de maniobra subalterna de la operación de restauración en curso. Desde hace mucho tiempo los medios llevan buscando una alternativa que oponerle a Pablo Iglesias y le daban un arma, un botón nuclear: apoyarían con toda su fuerza a quien cuestionara al secretario general de Podemos. Como siempre, la señal era en una doble dirección, premiar a quienes se aparten públicamente de él y fortalecer a quienes, con mayor determinación y radicalidad se enfrenten a él. Se trata de construir una oposición para una ruptura, no para un simple cambio de posición política interna. En esta batalla se está.

Ocultar la realidad nunca ha sido un buen método y no ayuda en nada a resolver los problemas de fondo que vive Podemos. Se habla de tres almas, de tres corrientes y de diversas tendencias. Esto no debería extrañarnos y hay que aceptarlo como una realidad en un movimiento político tan heterogéneo y plural como es Podemos. Lo nuevo es que el sector o corriente identificada con Íñigo Errejón tenía un arma y la ha usado: hacer pública la ruptura del equipo dirigente forjado en Vista Alegre I y buscar el apoyo de unos medios de comunicación y de unos poderes dispuestos, cueste lo que cueste, a levantar una alternativa desde dentro a Pablo Iglesias. No valoro, constato el hecho. Íñigo lo ha hecho conscientemente y no le ha temblado el pulso situando la disputa en el territorio que más le beneficiaba, lo que podríamos llamar el discurso del método, es decir, poner el acento en los procedimientos como mecanismo para eludir la política. Hay que reconocer que ha sido todo un éxito y que hoy Podemos aparece ante la sociedad como un proyecto que tiene tres corrientes básicas articuladas y que da una imagen de crisis y falta de definición.

Lo que viene ahora es previsible; intentar negociar el poder interno y pactar la política. Como toda mayoría que deviene en minoría, busca un sistema electoral proporcional que le permita mantener las cuotas de poder en riesgo de desaparición. La otra cara es pactar la política. Hacerlo aquí y ahora significa definir y decidir el papel de Podemos en esta fase de crisis de régimen. Con más precisión, se trata de saber y decidir si Podemos es una fuerza que está por la ruptura democrática, por crear poder constituyente e iniciar el cambio constitucional del país; es decir, ser una oposición para la alternativa democrático-plebeya o sumarse realistamente a la restauración en proceso, disputándoles los márgenes regeneradores. Todo lo demás es, en gran medida, secundario. Si se quiere ser oposición de verdad se debe partir del conflicto social, construir sólidas alianzas políticas y culturales, desarrollar y democratizar la organización partidaria, creando un imaginario solvente de un nuevo proyecto de país.

 Los medios serán actores internos en nuestro debate y lo harán a instancia de parte. En este sentido, se puede decir que hemos llegado a una etapa caracterizada como “el final de la inocencia” de Podemos. Hasta no hace mucho tiempo, ante las continuas agresiones del sistema, el equipo dirigente se apiñaba y cerraba filas. Todos se consideraban parte de un proyecto impugnatorio de un régimen político en crisis, portavoz de las clases subalternas, crítico y alternativo al neoliberalismo dominante y, lo que es más importante, con un proyecto autónomo de país. Ya no es así. La historia, la de verdad, pasará por la próxima asamblea de Podemos. Allí, con luz y taquígrafos, se resolverá en gran medida si la ruptura avanza o la restauración en marcha se consolida. Al menos se demostrará algo que en estas tristes semanas ha sido sistemáticamente eludido, que Unidos Podemos es la única fuerza capaz de disputarle el gobierno y la hegemonía a las clases dirigentes. Que somos protagonistas de la Historia con mayúsculas y que no aceptamos ser sujetos pasivos en manos de las clases dominantes en sus disputas de poder.

Atención Podemitas y Podemistas!!!!! Los argumentos expuestos anteriormente me parecen claros y fundamentados; no obstante, por si alguien no entiende les facilito algún otro más evidente. Fijense a la hora de posicionarse qué postura política apoyan los medios de la casta..... pues la contraria es la correcta. Más claro....? Andan los medios que echan humo apoyando lo que se ha dado en llamar sector errejonista; ese podemos domesticado que a buen seguro piensan que pueden controlar. Sin embargo andan bombardeando por tierra mar y aire otro Podemos contestatario, indomable e indomesticable. Están que la camisa no les toca la piel al pensar en Pablo Iglesias... ese tipo, el “coletas” que llegó para cambiarlo todo y, a buen seguro que lo anda consiguiendo, aunque de momento parcialmente. Ese Podemos que les irrita hasta límites de obsesión, es el movimiento que necesitamos para enfrentar al régimen corrupto de las oligarquías españolas. Ese es el Podemos que nos llevará a un Proceso Constituyente que permita la dignidad del las clases populares; ganado desde las urnas la soberanía popular.