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domingo, 18 de febrero de 2018

José Revueltas. Sentir lo social.

Sabemos que José Revueltas escribió poesía, pero pareciera que aún no sabemos porqué la escribió y, es que aún hay quien duda que la poesía es sinónimo de vida. Revueltas es el más vividor de todos, a pesar de su carácter “moridor”. Ser irredento que incineró las prisiones con dignidad, vivió mientras moría y lo hizo entregado al ideal. Soñador melancólico que revolucionó la literatura mexicana, innovó el pensamiento en tiempos de ortodoxia y se reveló ante sus propios dioses. Revueltas es poesía porque fue vida.





Hoy en día, para muchos académicos es común hablar de la vida mientras evaden enfrentarla, se niegan a sí mismos, hablan de historias y sucesos encerrados en las burbujas de la comodidad, son irónicos ante el espejo y burdos frente al cuestionamiento. ¿Cómo puede el poeta hablar de amor sin haber sentido? Escribir con las reglas gramaticales sin el sentimiento, dista mucho del poema requerido, la palabra es praxis, nombrar la vida es algo más que llenar cuartillas.
Revueltas fue un militante, eso se sabe bien, pero sigue incomodando. La vasta obra que legó incluye una serie de ensayos y reflexiones sobre la historia de México, ninguno es leído en las academias, están satanizados, ¿y cómo no?, fueron escritos bajo la óptica del compromiso, pecado tan caro de pagar frente a la pureza del reino del saber. Los escritos más agudos y provocadores de Revueltas siguen padeciendo la misma censura, únicamente cambia la forma, antes fueron prohibidos por el Partido Comunista Mexicano, ahora se les ignora con la delicadeza curricular, signos de un mismo padecer.

La agitada vida que llevó, le permitió enfrentarse a múltiples formas de censura, incluso la más terrible de todas: la autocensura. Revueltas ha cumplido cien años de nacido (2014) y cuarenta de haber fallecido (2016), pero su lectura, su análisis perspicaz y profundo, es un pendiente. Sus novelas comienzan a gozar de mayor divulgación y sus más de treinta poemas conocidos circulan en nuevas ediciones y, si bien la editorial Era ha reimpreso gran parte de sus escritos, sigue postergada su inclusión y mayor difusión. No se trata de ponerlo en un pedestal, él solito se bajaría y nos lo reprocharía, se propone simplemente perderle el miedo a quien el mismo Octavio Paz llamara uno de los mejores escritores de esa generación y “uno de los hombres más puros de México”, al referirse en su Posdata al movimiento estudiantil de 1968. Hay que perderle el miedo a la vida, hay que perdérselo a Revueltas.
Comprometido con la existencia humana, vivió entregado a la palabra, militó en sus filas, la adoró incluso. No hay escrito carente de una parte autobiográfica, el deber de Revueltas con la Revolución es permanente, no claudica ni en su propio sepelio que fue convertido en un mitin por sus cercanos amigos, familiares y estudiantes. Pero la Revolución para el autor de propuestas como la “autogestión” y el “autogobierno” en los centros de enseñanza, no se limita a la transformación de la sociedad, hay en su obra, un carácter tan íntimo, que permite mirar la propia revolución interna que lo convulsionó durante su estancia en Los días terrenales , como los llamara. Crítico de sí mismo, se transforma para permanecer fiel a su compromiso.
Realista con realismo o sin él, murió viviendo, tal como únicamente pueden hacer quienes vienen a este mundo envueltos en cenizas. Escribió para no llorar y lloró alguna vez por lo que escribió, su carácter convulso generó estragos en su físico tanto o más que en el mismo seno de las organizaciones a las que perteneció. Sin pensarlo, la imagen del Hombre Nuevo ronda su figura, no la reivindica, se sabe “impuro”, pero desapegado a la materialidad vive entregado a los ideales, la utopía se refleja en sus actos.

Su disposición de siempre defender la libertad (la personal como la social), lo llevó a participar en donde nadie veía esperanza, al iniciar el movimiento del 68, no dudo en sumarse como el más humilde estudiante, postergó su vida personal para convertirse en el fervoroso compañero de la juventud que hasta hoy se recuerda y, ante la represión escribió convencido: “Nos persiguen por eso; por ir, por amar, por desplazarnos sin órdenes ni cadenas. Quieren capturar nuestras voces, que no quede nada de nuestras manos, de los besos, de todo aquello que nuestro cuerpo ama. Está prohibido que nos vean. Ellos persiguen toda dicha. Ellos están muertos y nos matan. Nos matan los muertos. Por eso viviremos”. Revueltas vive a pesar de haber deseado la muerte. Revive y milita cada vez que ejercemos el compromiso de sentir.