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jueves, 29 de mayo de 2014

En Podemos, los insultos y las descalificaciones se convierten en el mejor incentivo.



No habían pasado 24  horas desde que se conocieron los resultados de las elecciones europeas, y los insultos y las descalificaciones a Podemos en general, y a Pablo Iglesias en particular, se han convertido en una constante en los medios de comunicación de la derecha reaccionaria, hostigada por las consignas procedentes de la dirección del PP, que tan bien saben difundir dos de sus bufones más distinguidos, como son Carlos Floriano y Esteban González Pons. Y es que las ofensas a sus enemigos políticos forman parte del modo de actuar del partido en el gobierno, y no hacen más que corroborar que para ellos la democracia no es un fin sino un instrumento útil para llegar al poder, y nada más.
Por algún descerebrado se llegó a identificar  en Twitter a Podemos con un partido nazi, si bien nuestro ministro del Interior, tan ecuánime él, no se ha dignado a ordenar a las fuerzas de seguridad del estado  que fuesen en su búsqueda. Pero, anécdotas desagradables aparte, de la boca de destacados miembros del PP han calificado a Podemos como un partido violento de ultraizquierda, que “tiene como modelo a la Venezuela de Maduro o al castrismo de Cuba”, llegando a afirmar Carlos Floriano que “estos son los que rodearon mi casa,  no cabe la menor duda“,  aunque no fue capaz de identificar a sus autores entre los 1.245.948 votantes.
Rosa Diaz, tan transversal ella, muy dolida porque un movimiento ciudadano con cuatro meses de vida ha relegado a UPyD al quinto puesto del ranking nacional, inspirándose en el discurso de Hermann Tertsch, ha dicho de Podemos que “tiene una coincidencia enorme con Le Pen“, tildándoles de “populistas de izquierdas“. Con ello demuestra su poca clase, y sus muy escasas convicciones democráticas, cuando dice lo que dice después de conocer el resultado de las urnas.
Si nos acercamos a Asturias, el Delegado del Gobierno Gabino de Lorenzo, que no pasaría la prueba del algodón si se investigase de verdad sus actuaciones poco transparentes durante su paso por la alcaldía de Oviedo, se atreve a tildar a Podemos de populista, comparando su éxito con el avance de la ultraderecha en Francia. Los políticos de derechas no se enteran de nada y viven anclados en su pasado fascista; pero muy pronto espabilarán cuando los ciudadanos les den en las urnas una patada en el trasero.

Los comentarios de los columnistas de la caverna mediática es conveniente no reproducirlos para no hacer propaganda a su idiotez mental, que al fin y al cabo es de la que viven. Pero se equivocan si pretenden ofender calificando a Podemos como partido antisistema, ya que por el contrario se convierte en un halago si se entiende que el sistema lo encarnan quienes actualmente nos gobiernan, esa casta que, en palabras de Pablo Iglesias, es preciso echar del poder cuanto antes; eso sí, con la fuerza de los votos, por haberse convertido en destructores implacable de nuestros derechos y libertades.
También nos califican de radicales, como si fuese algo malo luchar contra las injusticias, las desigualdades, los abusos del poder y la corrupción, para recuperar la decencia y la dignidad de los ciudadanos. Si eso es ser radical, me apunto el primero, y con mucho orgullo de serlo. En el fondo los insultos y las descalificaciones cuando parten de una pandilla de impresentables, producen el efecto contrario del que pretenden y animan a seguir luchando por el camino emprendido. Si con cinco meses de vida ya damos miedo, terror y pavor sentirán cuando sean expulsados definitivamente por decisión de los ciudadanos. Ha comenzado una nueva época, que supondrá de hecho una segunda transición hacia una democracia de verdad, y muchos aún no se han enterado.

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